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Los poetas 

 

Aunque cuando escribe en soledad, el poeta no piensa en el otro, siempre el otro posible, el futuro lector, ya se perfila: sin la persona que lee el poema muere. Éste, en consecuencia, es un espacio vivo. A disfrutarlo.

 

La poesía nos acompaña siempre

Como la mar,

como el hambre,

la peste o la guerra.

Al millón de versos que hay en el mundo

he añadido unas cuantas estrofas.

No son más sabias que la canción de los grillos.

Ya lo sé.

Disculpadme.

Ya acabo.

                              Jaroslav Seifert

 

 

Resquicios del sueño

Francisco Ruiz Ruiz de León

 

He secado al sol las palabras de la madrugada

El tiempo es ahora un ojo dormido

y sangra como un desconocido asesinado.

El recuerdo es una mancha pintada en una piedra

un poema machacado que puede servir para el luto.

 

Imagen

Juan José Cantón y Cantón

 

A veces, en el bolsillo,

una libreta y unas almendras,

en la boca, un puro a medias,

y en la cabeza, la última partida de ajedrez perdida;

otras, no.

Mientras, su vida por resolver, siempre.

Atrás, los poemas no escritos,

los rechazados, los publicados,

mil pensamientos, un millón de lágrimas,

los tropiezos del desamor, el frío de la noche.

Como llegar tarde a todas partes

en el corazón,

y en el rostro, nostalgia del futuro.

Tal vez me repito,

¿he dicho que delante, también

los poemas no escritos, los tropiezos del desamor...?

Retenido por la mirada de un perro,

por el amor de una mujer

y las palabras de amistad,

asombrado de no asombrarse,

persigue la quimera de la libertad,

no pacta ni consigo mismo,

nada que ver con un tren parado en una vía muerta.

Se me olvidaba, pero para vosotros no tiene importancia,

odia a los comedores de cangrejos

y es capaz de encontrar el tiempo, en su pérdida,

pero, tal vez, me repita.

 

El último temblor del mediodía

José Esteller Nadal

 

El último temblor del mediodía

su lirio deshojaba, el cielo era

un esfuerzo de azul y sementera

de luces esperando todavía.

 

Qué luna más pacífica y sombría,

más lenta, más callada, más ligera,

borracha de crepúsculo y de cera

el cielo ornaba, el aire descubría.

 

Pero al volver, amor, el breve vuelo

que pretendió la vista solamente

de tu rostro dulcísimo a la orilla,

 

se deshizo el azul, la luna, el cielo,

y tan sólo quedó bajo mi frente

el inmenso rubor de tu mejilla.

 

BANDO

Seleccionamos para publicar

el poema Otra vida,

pero carecemos de datos del autor.

¿Quién eres?

 

Cementerio de animales

Antonio Pérez Morte

 

Riendo a carcajadas me dijeron:

el perro ha muerto.

Llorando abandoné el cementerio.

Y ladré por ti,

interrumpiendo aquel Padrenuestro.

 

El sueño

 Manuel Chacón Montero

 

Pensar en vos es arder,

(ardo)

salirse de madre,

(estoy mojado)

La vena militar, inevitable:

Conquistar vuestras lomas...

(acariciároslas,

mordisqueároslas)

... desfilar por el valle,

enhiesta la bandera

de norte a sur y vuelta...

(arriba y abajo,

abajo y arriba...)

... reconocer recovecos,

grutas oscuras...

(lengua lasciva,

dedos traviesos)

... escaramuzas mías,

escaramuzas de vos...

(juegos)

... el sable dispuesto

el arma cargada...

...¡la explosión!

La paz.

El amor.

El sueño...

 

Interfase

Roxana Heise Venthur

 

Este silencio

aguarda la llegada

de nuevos sonidos,

que acabarán

con este estado

transitoriamente

vegetativo.

 

Soneto desolado II

 J.R.M

 

Añoro tu tristeza desolada

y el embrujo de dulce brisa y luna

que dejaba tu trémula sonrisa

en la bruma encendida de mi calma.

 

Añoro la dulzura de tu mirada,

la callada ilusión que sin fe alguna

palpitaba en el eco de tu risa,

en el anhelo más sombrío de tu alma.

 

Añoro el aire frío de tu amor ciego

y a la pequeña rosa estremecida

que en silencio soñaba con el fuego.

 

Pero más añoro la honda herida

que me daba el aliento y el sosiego

para luchar sin nada por la vida.

 

 Senderos de gloria

 Juan Manuel Azaña López

 

Desde la geografía de su cuerpo

un pezón escapa

viaja y encuentra

un pene solitario

que

amablemente

le propone un trato.