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La satisfacción y los problemas del novelista

Silvia Adela Kohan

 

 

 

La novela pugna por salir a la luz. El novelista escribe sin pudor, fluye libremente; escribe desde las vísceras, desde su propia voz, compromete el cuerpo y el alma y así construye un mundo peculiar, más verdadero que el real; le da vida a otras vidas, las pone en movimiento, transmite la emoción de lo que ocurre.

Sabe mirar a su alrededor y sabe escuchar a los personajes. De eso se trata. “No es el novelista quien hace la novela, es la novela que se hace sola, y el novelista no es más que el instrumento de su venida al mundo, su partero”, dice Michel Butor.

 

Activar la capacidad de novelar

¿Cómo se pone en marcha la novela?

Aunque la pasión la impulsa, no se escribe una novela a base de arrebatos pasionales, sino también de la reflexión y el oficio. Laimaginación se activa con las cosas que lees, escuchas, ves y sientes. En la novela, todas se entremezclan, la realidad, la ficción, la música, las experiencias transitorias y las profundas, todo aporta.

Activar la propia capacidad de novelar es tratar de explorar qué novela quieres escribir y responderla sin pudor, sin miedo, desde las vísceras. ¿Qué quieres contar? ¿Qué pretendes decir? ¿Qué idea vehiculiza tu protagonista?

Tal vez, pretendes novelar tu árbol genealógico, el paisaje de la Costa Azul, la persecución de un secreto, las aventuras de unos delirantes trotamundos o la maravillosa relación de un hombre con su perro. ¿Por qué esa historia y no otra?

En principio, tienes la necesidad de contarlo. Escoges el asunto y lo organizas en una novela por alguna razón: para explorar el hecho narrado, para averiguar qué significa un suceso que te ha impactado, para denunciar, transmitir, revolucionar, aunque muchos desean hacerlo para entretener, una razón nada inocente que encierra un buen dominio de las técnicas narrativas.

Bret Easton Ellis dice que una idea que pretendía transmitir en Luna Park era que no hay malos hijos sino sólo malos padres. Lo obsesionaba que "el padre oriente en muchos sentidos el destino del hijo", algo que le sucedió a él mismo, que prefería cursar literatura mientras su padre deseaba que estudiara empresariales. En cuanto a Glamourama, le fue inspirada por el asco que sentía por el culto hacia la gente famosa y porque quería escribir una novela de espionaje.

Por su parte, Edmundo Paz Soldán, en El delirio de Turing,trató de fundir intereses dispares: explorar el impacto de las nuevas tecnologías en la vida cotidiana y la crisis del modelo neoliberal en Bolivia: “Traté de combinar varias cosas, por un lado mi afición por los códigos –aquí, los del criptoanálisis–, y por otro mi preocupación por la problemática social y política. Ocurre en tres días de protestas sociales que casi hacen caer un gobierno, un poco como lo que ocurrió recientemente en Bolivia...”.

Qué quiero decir implica cómo lo voy a decir. Por lo tanto, otra pregunta, que podría ir ligada a la anterior, es: “¿Qué personajes y qué argumento escojo para decir lo que quiero decir?”.

Sin embargo, como para escribir no hay recetas previas, puedes tirar del hilo de una idea inicial y responderlas  durante la marcha.

 

¿Qué clase de novelista soy?

 Conocerse permite trabajar mejor el oficio. En este sentido, ten en cuenta tus métodos, tus manías, tus hábitos personales como caminos hacia la producción más intensa de la novela.

Repara en los siguientes aspectos:

 

Trazas un plan previo o te dejas llevar libremente

Unos necesitan tener todo planificado antes de ponerse a escribir y otros lo deciden a medida que avanzan. Son maneras de encarar el proceso, válidas ambas. Los novelistas de mapa no comienzan a escribir hasta que no tienen esquematizada la totalidad de la novela, o casi. Los novelistas de brújula parten de una idea inicial y dejan que se multiplique.

Fue Javier Marías el que dijo que algunos novelistas escriben con mapa, y otros con brújula. Lo explicó así: “Es como ir por un camino en medio del bosque. Si tienes un mapa bien señalizado, has trazado el itinerario, vas sobre seguro, sabes en cada momento dónde estás y qué va a venir a continuación. Si vas con brújula, vas tanteando, no sabes lo que viene después, pero tienes una referencia guía, un punto de coordenadas. Normalmente, escribimos con brújula, si no tenemos la estructura bien armada de antemano. Nos vamos guiando sobre la marcha. Pero es importante saber dónde está el norte y el sur. Hay quienes avanzan sin brújula, fiándose de su instinto”.

Los de la vía intermedia entre el mapa y la brújula, suelen empezar a escribir a partir de un personaje o de un acontecimiento que les resulta atractivo, y construyen su relato a partir de él, bien como punto de partida, bien como de llegada, estableciendo unos pocos acontecimientos que deben suceder en su historia y a continuación escriben lo que se les va ocurriendo para alcanzarlos.

Dice Paul Auster: “Tardo mucho porque para mi el párrafo es la unidad de la novela, el verso de la novela. No puedo pasar al siguiente párrafo si no he terminado el anterior. El libro sale según lo escribo, no puedo planificar, no tengo una estructura fija. Siempre empiezo por el principio, algo que puede parecer obvio pero que no lo es para muchos escritores. Nunca dejo blancos en medio, una palabra me lleva a otra, y un párrafo al siguiente. Sé como será el sentido y la forma de la novela pero nada más. Tengo una íntima relación con los personajes, los conozco, pero lo que les ocurre va surgiendo poco a poco”.

Otros emplean una lupa imaginaria –para bien y para mal–. Para bien: son capaces de ver la novela amplificada en todo momento y diseñarla con eficacia. Para mal: corrigen antes de tiempo.

O recurren al bisturí –también para bien y para mal–. Para bien: saben dónde cortar, qué clase de incisión efectuar y cuándo y cómo cerrar. Para mal: a veces escamotean información.

 

Reconoce tus hábitos personales

Tu predisposición a meterte de lleno y generalmente a solas en ese mundo ficticio que puede ser tu refugio, tu huida, tu espacio para desplegar los fantasmas que te acosan o te acompañan, se potencia si sabes cuáles son tus mejores hábitos.

Carlos Fuentes madruga todos los días y dedica toda la mañana a escribir. Desde hace años, la noche anterior prepara un breve guión de las cuestiones que va a desarrollar durante ese tiempo, aunque los sueños nocturnos y la escritura misma tal vez lo lleven después por otros derroteros, porque para él “la novela es la única manera en que determinadas cosas se pueden decir”.

Es bueno saber si uno u otro ambiente te resulta más estimulante y recurrir a él. Puede ser un tren en movimiento, un bar con determinadas características, hay quien prefiere la cama o el sofá, rodearse de sonidos o escribir en absoluto silencio, a unas horas o a otras.

Sin embargo, no siempre es idílico el lapso que se dedica a la escritura. Lo resume Loretta Chase, una escritora de novela rosa que vende muy bien: “Mi sueño acerca de lo que debería ser un riguroso horario incluye un desayuno pausado, unas pocas horas delante del ordenador, durante las cuales escribiría páginas y páginas de brillante prosa sin esfuerzo alguno, y el resto del día haría lo que me placiera. No obstante, la realidad es bien distinta ya que, después del desayuno, trato de cumplir con mis compromisos, tareas del hogar y recados. Me siento al ordenador más o menos al mediodía, e intento no sufrir un ataque de pánico. Si el día se da bien, puedo terminar siete u ocho páginas. Algunas veces son buenas páginas, pero otras tengo que reescribirlas al día siguiente porque no son tan buenas. Llevo haciendo esto mucho tiempo y aún no he conseguido alcanzar mi soñado día perfecto de escritura”.

José Luis Sampedro tiene su sillón preferido y una tabla encima, que es su mesa, y escribe  preferentemente de madrugada.

 

Toma nota en todo momento

A menudo, es aconsejable tomar nota de lo que elaboras mentalmente, de tus dudas o tus dificultades (al escribirlas se expanden) y de lo que captas al pasar.

Dice Sergio Ramírez: “Aquí está mi libreta. Ésta es la famosa libreta que usaba Hemingway, esa que usó Hemingway es ésta y así la venden en las librerías. Se llama Moleskine. Siempre uno tiene que andar una libreta, porque lo que pasa es que… a mí me pasa, sobre todo, cuando estoy trabajando intensamente en un libro y se me ocurre algo de pronto, es necesario anotarlo, porque si no se pierde; eso así en el aire o cuando uno anota algo que tiene interés, cuando uno no está escribiendo nada en específico, anota todo, un gesto, una palabra, entonces anda uno pendiente de qué oye, qué caza en el aire, en la mesa del lado, cazando conversaciones, cazando palabras, figuras, entonces hay que anotarlo”.

Saca provecho de tu disposición en una u otra dirección y ten en cuenta la que mejores resultados te aporte. Disfruta más a fondo del proceso quien conoce sus mejores condiciones de trabajo y sus manías.

 

Un primer paso

Un primer paso hacia la novela suele ser un instante especial que ocurre como un flash, una intuición, una revelación, una conmoción de los sentidos. La novela puede aguardar agazapada durante mucho tiempo y, de pronto, uno establece contacto con uno de sus polos, y asoma. La idea inicial puede ser la visión de un personaje o la imagen más inesperada,  una palabra, una frase, un deseo, una noticia, una anécdota, un sueño, una lectura, un lugar. Una meta a conseguir, un deseo, una necesidad, es el engranaje que pone en movimiento la novela.

Puede ser, por ejemplo, la magia de una coincidencia. Al día siguiente del que hubiera sido el cumpleaños de mi padre si hubiera estado vivo, leí que el padre de Antonio Muñoz Molina “cumplió años ayer” y que a él le apenaba más recordar las fechas de sus cumpleaños ahora que estaba muerto que cuando estaba vivo. Precisamente, era lo que me pasaba a mí. ¿Esta coincidencia escondía el germen de una novela? El mismo día había conocido a la madre de mi amiga Maite de 87 años, me enamoré de esa mujer de ojos grandes y reparé en que tenía la edad que hubiera tenido mi madre si viviera. Ambas eran del mismo año y pensé que tal vez serían del mismo mes, febrero. Le pregunté a Maite en qué mes había nacido su madre, me dijo: “en febrero”. Otra coincidencia que podía ser productora, que me conmovió y me alertó de que allí se agazapaba el tema que pedía ser escrito.

Para muchos, el primer paso es una búsqueda.  En su caso, Jean Echenoz dice que lo importante es lo que se desencadena a partir de la búsqueda, que es su motor. Le ha servido de modelo la idea que Hitchcock llama McGuffin: han robado unos planes ultrasecretos y a nadie le importa en qué consisten esos planes, nunca se sabe bien qué son, lo que cuenta es la máquina que se ha puesto en funcionamiento. Su búsqueda puede ser, como en Ravel, la de alguien inhallable. En este mismo sentido, Hitchcock le contó a Truffaut su regla para los filmes de suspenso basados en la búsqueda de un objeto: los protagonistas tienen que arriesgarse a todo, pero una vez que consiguen el objeto se comprueba de que el riesgo no valía la pena.

A menudo, un determinado episodio de la realidad suscita en el escritor un inmediato interés por la red de significaciones que desata y puede convertirse en una obsesión personal de la que el escritor no se libera hasta que no la escribe: el crimen de Berthet en El rojo y el negro, la tragedia después de la boda en Crónica de una muerte anunciada de García Márquez y en Bodas de sangre de Federico García Lorca, el falso atentado anarquista en El agente secreto de Joseph Conrad, el filicidio de una esclava en Beloved de Toni Morrison.

También los objetos del mundo exterior pueden ser un pretexto para desencadenar la ficción. Una avalancha de imágenes, sensaciones, asociaciones, son los fragmentos con los que Virginia Woolf recompone la continuidad de la vida en sus novelas.