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 La autobiografía

por Silvia Adela Kohan

 

 

 

 

La mente funciona mejor a cuatro kilómetros por hora, la cadencia de los pasos acaba siendo ritmo narrativo y el paisaje tira del hilo de la memoria.

 

Caminando uno espera que, como a Virginia Woolf paseando por Tavistock Square, le venga la inspiración decisiva para escribir Al faro. Adoro esa imagen de Sánchez Ferlosio apoyándose en los techos de los coches para anotar ese pensamiento que surgió de pronto. Y que se lo pregunten a los poetas, que deambulan más que nadie (cuenta Solnit que Coleridge abandonó el verso libre cuando dejó de andar).

 

Escritura autobiográfica

Un eje: un aspecto vivido nuclea todo lo demás, que también puedes incorporar.

El aspecto: Es una mujer: estuvo siempre enamorada de JRS

Ficha (entre todos)

Diario de su vida = cu desarrolla una fecha y un párrafo.

Tiene que tener un inicio y una conclusión / desembocadura / desenlace final abierto o no /

pensarlo previamente

 

Pudor: si son cosas tuyas, qué eliges y cómo lo cuentas.

 

Vila-Matas:

en realidad contar lo que nos ha ocurrido es sólo posible si inventamos.

 

Lo autobiográfico es ineludible

 

Se dice que toda obra de arte, aún la más absurda, tiene algo experimentado por su autor, de modo consciente o inconsciente.

La mayoría de los escritores coinciden en considerar como ineludible el componente autobiográfico en una novela, aparece aunque el autor no se lo proponga. Es más, muchos necesitan escribir varias novelas para descubrir ciertas tendencias de su personalidad. La novela, entonces, contiene ciertos nudos autobiográficos del escritor que el mismo escritor descubre como reiteraciones suyas no conscientes.

Para Borges, toda novela de más de 150 páginas es inexorablemente autobiográfica; era su modo de exponer la cuestión que unos desdeñan, otros exaltan, y la mayoría acepta: lo autobiográfico es inevitable en toda creación literaria, sobre todo cuando se pasa de una cierta extensión.

Así mismo, Mary McCarthy afirmaba que era inútil toda búsqueda del yo en la autobiografía, decía que se podía crear el yo, no encontrarlo, e ironizaba:  «Lo que hago es tomar ciruelas reales y ponerlas en un pastel imaginario».

 

Lo particular como universal

 

Cuando a Kundera le dicen que el novelista revela la vida íntima constantemente, Kundera responde: «Toda la historia de la novela europea es una revelación gradual de secretos: cómo se comporta el ser humano y por qué, qué cosas piensa y siente en privado... Ese es el motivo por el que las grandes novelas siempre han resultado chocantes. Develan aquello que la gente no deseaba saber ni escuchar de sus propias vidas, Joyce nos sorprende en el Ulises tan sólo porque retrata una vida bastante vulgar, de la que detalla lo que el cerebro, las manos o el vientre de un hombre corriente suelen hacer, lo que ven sus ojos y escuchan sus oídos. Todo lo que leemos en Joyce es evidente, innegable, banal y, a pesar de ello, algo hay que nos lo hace insufrible, provocador, porque vivimos la vida sin percibir este nuevo ángulo, estas cosas que olvidamos hasta cuando están sucediendo y de las que, si nos vemos obligados a hablar, nos censuramos automáticamente. Ningún censor del Kremlin es tan severo como el censor que se oculta en el interior de cada persona. La novela no obedece a ningún censor en su revelación de secretos y puede llegar a ser tan cruel como la cámara enfocada sobre un hombre que agoniza. Pero hay una gran diferencia entre un novelista y un fotógrafo, Ana Karenina, Emma Bovary, Bloom, son personas inventadas. El estudio de vida íntima que realiza un escritor no es tan sólo una labor de observación sino que, primordialmente, es una tarea de la imaginación. Por eso ninguna madame Bovary real puede compararse con la de Flaubert. Y todavía hay una segunda diferencia de orden moral. Imagínate que Flaubert hubiese escrito su novela describiendo la vida de una vecina de Rouen, una existente madame Bovary. En este caso, el autor sería un monstruo de indiscreción, un espía, un cotilla, un hombre al que se le retiraría el saludo. El autor siempre inicia la narración a partir de su propia vida, pero crea algo que no se le parece en absoluto».

En este sentido, es esclarecedor el análisis de Piglia: «Toda novela es autobiográfica, narra, desplazado, algo vivido. Quiero decir, por ejemplo, que la relación de Kafka con las mujeres es el modelo de su relación con el mundo. Porque Kafka nunca cuenta historias de amor, pero cuenta la forma exagerada de la espera, de la postergación, de la condena y la amenaza que significaba para él la relación con las mujeres».

 

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