La versión de su navegador no está debidamente actualizada. Le recomendamos actualizarla a la versión más reciente.

 

 

 Incesto, drogas y locura: el lado oscuro de

los escritores más famosos de la historia

 

José Luis Hernández Garvi, autor de «La desaparición de Agatha Christie», analiza la tormentosa vida de personajes como Conan Doyle o Dickens

 

Hablar de autores como Charles Dickens evoca una infinidad de sentimientos en el lector, todos ellos agradables. Lo mismo ocurre con otros tantos autores como Arthur Conan Doyle o Agatha Christie. Al fin y al cabo, ¿quién no ha pasado un buen rato empapándose de las aventuras de Oliver Twist, Sherlock Holmes o Hércules Poirot? Lo que no ha trascendido tanto es que estos y otros muchos escritores escondían un lado más turbio y tenebroso. El primero, sin ir más lejos, era un misógino que se burlaba de su esposa en público, mientras que el escocés fue blanco de las burlas en la prensa por su obsesión con el mundo sobrenatural.

Por ello, para alumbrar esa faceta más olvidada de una docena de autores clásicos, el escritor José Luis Hernández Garvi acaba de publicar «La desaparición de Agatha Christie y otras historias sobre escritores misteriosos, excéntricos y heterodoxos» (Almuzara, 2020). Una obra en la que, como él mismo explica a ABC, persigue un doble objetivo. Por un lado, zambullirse en el pasado olvidado de personajes reconocidos en los libros de historia; pero también dar a conocer la obra (y los desmanes) de otros tantos como George Trakl (un poeta adicto a las drogas que mantuvo una relación con su propia hermana).

 

¿Hemos idealizado a los escritores clásicos?

A lo largo de la historia de la literatura han sido mitificados. Pero, en realidad, han sido y son personas que tienen las mismas virtudes, defectos y vicios que cualquier ser humano normal. En el siglo XIX no había la cantidad de escritores de ahora, que estamos asistiendo a un auténtico «boom» de autores (de hecho, habría que hablar de personas que publican, más que de escritores); entonces era gente con cierto nivel intelectual la que podían leer y dar forma a un libro. No creo que fueran personas fuera de lo común, pero recurrían a la literatura y a la escritura para espantar ciertos fantasmas personales y ajenos. Podemos encontrar en ellos rasgos extraordinarios o heterodoxos. Es lo que he intentado reflejar en los capítulos: plasmar esas personalidades un tanto atormentadas que inspiraron grandes obras.

¿Hay que estar, entonces, perturbado o atormentado para ser un buen autor?

Más que perturbado, debe distinguir la realidad desde otra perspectiva, una personal, introspectiva… Luego tiene que poder plasmar esa visión de conjunto, ese panorama que le rodea, en los libros. Me gusta compararlos con los artistas. Esa forma que tienen de ver la luz o las atmósferas. Como escritor, no quiero decir que seamos especiales. No somos personas diferentes, somos como cualquier otro mortal (de hecho, probablemente más pobres), pero tenemos una forma distinta de captar la realidad y sentimos la necesidad de dejarlo en un papel.

¿Ha prevalecido en nuestra sociedad el lado menos controvertido de los escritores más famosos?

El lector siempre tiende a mitificar a los autores a los que admira. Los ve como seres carentes de defectos. Pero muchos escritores fueron auténticos granujas y canallas. Eso es lo que he querido plantear con alguno de los analizo; que, por encima de esa personalidad que se idolatra, hubo en ocasiones una persona atormentada nada admirable y llena de vicios y defectos. Soy el primero que se ha sorprendido al investigar sus biografías. He hallado datos que me han puesto la piel de gallina. Me he topado con personajes que tenían muy pocas virtudes y eran detestables. Cuando indagas te topas con tu lado más oscuro y tenebroso.

Quizá el caso más claro sea el de Charles Dickens, un misógino, según afirma en su obra.

En efecto. Sentía un desprecio absoluto por las mujeres. Era un escritor capaz de alumbrar obras maestras, pero que en su vida personal humillaba a su mujer delante de sus amigos y la maltrataba psicológicamente. Pero no solo pasó con él, sucedió con muchos de los autores masculinos que aparecen en mi obra. El caso más llamativo fue el de Mary Shelley. Empezó a escribir con 19 años, produjo una obra maestra como «Frankenstein» y, todavía, incluso en nuestros días, se duda sobre su capacidad como autora. Algunos expertos se la atribuyen a su marido.

-¿Alguna otra extravagancia que le haya sorprendido de este autor?

Su afición por lo sobrenatural y el mesmerismo, un antecedente de la hipnosis que afirmaba que existía una fuerza oscura de la naturaleza que podía utilizarse a placer. Dickens, partidario de que no todo el mundo sabía aplicarlo, estaba obsesionado con valerse de él para controlar la voluntad de las mujeres. Afirmaba que podía curarlas de males como la histeria o problemas psicológicos, pero, en realidad, buscaba atraerlas hacia su persona.

Arthur Conan Doyle, autor de Sherlock Holmes, era otro de los grandes seguidores de lo sobrenatural…

Sí. Resulta sorprendente que fuera capaz de dar a luz a un personaje que se valía de la lógica y que no se salía de los parámetros de la razón para resolver sus crímenes. Él, en cambio, fue un crédulo en todo lo que tenía que ver con lo paranormal. Al final de su vida se concentró en estos temas y dejó a un lado su faceta literaria.

¿Un crédulo…?

Se creía cualquier historia sobrenatural que le contaran. Estuvo relacionado de una forma u otra con muchos de los escándalos de espiritismo que hubo en la época. El ejemplo más claro fue el de las hadas de Cottingley, unas supuestas fotografías en las que se veía a estos pequeños seres bailando con niñas en un bosque. Dieron la vuelta al mundo aunque, luego, se descubrió que todo era un montaje hecho a través de imágenes superpuestas. El autor siempre dio por hecho que se trataba de un caso real.

También fue un defensor del espiritismo. Su mujer, que se vendía como médium, estaba convencida de que podía entrar en contacto con fantasmas. La creencia le costó alguna amistad, como la del escapista Houdini, con quien mantuvo una fuerte discusión sobre el tema.

-¿Qué sucedió con el escapista?

Houdini era amigo suyo. Eran admiradores mutuos. Como estaba muy dolido por la muerte de su madre, habló con Doyle, quien mantuvo que su mujer podía ponerle en contacto con ella. Hicieron una sesión de espiritismo en la que la médium dijo haber contactado con la fallecida, pero el escapista se percató de que todo era un montaje cuando su madre se dirigió a él en inglés, un idioma del que no hablaba una palabra. Ambos mantuvieron una fuerte discusión sobre el tema.

En la prensa de la época se burlaban de él…

Llegó un momento en que se obnubiló, no vio más allá. La prensa llegó a mofarse de su credulidad. Aunque se demostrara que las pruebas eran ridículas, él insistía en que algunos casos eran ciertos. Llegó a mantener polémicas en los periódicos sobre el tema. Cuando se demostró que las hadas de Cottingley eran un montaje, defendió una y otra vez, hasta caer en el ridículo, que esas fotografías eran reales.

¿Fue un autor atormentado por su principal personaje?

Se sentía atado a Holmes. Hasta tal punto le reclamaban relatos sobre él que se vio obligado, una vez que lo mató tras la lucha con Moriarty, a «resucitarlo» por petición popular. Su propia madre le escribió una carta casi en términos insultantes recriminándole que hubiera acabado con el detective y exigiéndole que le devolviera a la vida. Tuvo que inventarse una precuela. Pero ansiaba escribir de otras cosas, por ejemplo, novela histórica. Es una pena que los lectores no valoraran el resto de obra y se centrasen solo en este personaje.

-De la misma época es Agatha Christie, quien, como afirma en su obra, desapareció durante casi dos semanas de la faz de la Tierra cuando era una estrella de la literatura

Sucedió en los años veinte y causó una gran conmoción en la sociedad. Incluso periódicos de la época ofrecieron cuantiosas recompensas a cambio de pistas que pudieran desvelar su paradero. Se organizaron búsquedas con perros, aviones… Algo increíble en aquellos años. Pero no hubo forma de dar con ella.

Su caso reúne muchos de los elementos de algunas de sus mejores novelas. Es muy sorprendente que ni la propia escritora ni su marido Archibald (luego exmarido) hicieron jamás referencia alguna a lo que sucedió en aquellos días que estuvo desaparecida. Ella tiene una autobiografía, casi desconocida en España, en la que no dedica ni una sola palabra al tema.

¿Qué ocurrió?

Desapareció once días por motivos varios que analizo en el libro. Existen muchas teorías. No se sabe si quiso llamar la atención de su marido o buscaba apartarse de los focos mediáticos que la rodeaban.

-España también tiene su particular hueco en su obra con Emilia Pardo Bazán.

Emilia Pardo Bazán es una de las grandes escritoras españolas, muy olvidada por las nuevas generaciones. Se la lee poco, igual que a Benito Pérez Galdós hasta la recuperación de su figura por el centenario. Una de las historias personales menos conocidas es que ambos mantuvieron una relación sentimental secreta. Era, además, una adelantada. Toda su vida tuvo que luchar contra un mundo dominado por los hombres y por los críticos literarios masculinos. Incluso su marido no veía muy bien tener que soportar las críticas de la época. La puso en la tesitura de él o la literatura, y ella seleccionó su vida de autora. No se divorciaron, porque era impensable en aquella época, pero se separaron de forma amistosa.

También dedica un capítulo a Yukio Mishima, finalista del Premio Nóbel de Literatura en dos ocasiones y que, incluso, pudo convertirse en kamikaze.

Existe cierta bruma sobre qué sucedió durante la Segunda Guerra Mundial. Parece ser que cuando era joven se presentó al servicio militar como Kamikaze, pero fue rechazado. No se sabe si porque los médicos confundieron los síntomas de un resfriado con los de la tuberculosis, o porque exageró para no ser reclutado. Creo que fue lo segundo. Da la impresión de que, a partir de ese momento, dedicó su vida a resarcirse de aquella vergüenza.

Mishima sorprende por su triste final…

El culmen de su locura, porque debemos hablar de una persona desequilibrada y con una megalomanía desorbitada, fue lo que en Japón se llamó «el incidente». Sin desvelar demasiado, fue un intento de golpe de Estado muy teatralizado que pretendía mostrar al pueblo japonés su decadencia y exigir la vuelta a los valores tradicionales. Acabó de una forma escalofriante desde el punto de vista occidental. Las imágenes fueron transmitidas por la televisión nipona casi en directo y el resultado causó una conmoción increíble en la sociedad. Todavía hoy les resulta incómodo hablar sobre el tema. Pero es entendible porque Mishima era una superestrella de la época que iba seguido siempre por una cohorte de periodistas.

¿Se ha olvidado su obra literaria por culpa de este incidente?

En efecto. Me da lástima porque Mishima es uno de mis autores favoritos. Tiene unas obras maravillosas, pero la fuerza de este suceso eclipsó su talento y su trascendencia como escritor. Su figura, desconocida en Occidente, debería ser recordada por otras causas, y no por su final.

¿Cuál es el «escritor maldito» que no podemos obviar?

George Trakl. Es muy poco conocido fuera de Austria, pero la verdad es que su poesía es de una fuerza tremenda. Su vida fue un calvario en todos los sentidos. Estuvo atormentado por la relación incestuosa que mantuvo con su hermana y por su adicción a las drogas, más concretamente a la cocaína. Invito a leer su obra por su potencia fascinadora. Si hubiera vivido más años habría sido más famoso y tenido más reconocimiento, pero murió joven.