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Escritores argentinos opinan sobre Harry Potter

Ana María Shua:

"Harry Potter me produjo una gran felicidad y una pequeña tristeza: la de no poder ser chica otra vez para disfrutarlo todavía más. Su genial autora es heredera directa de Roald Dahl. Le envidio el talento, la comodidad con que maneja el suspenso, la firme tradición anglosajona de novela que la respalda, la libertad y la promoción. Con respecto a mis tres primeros motivos de envidia, no hay nada que hacer. Con respecto a la libertad, el mercado editorial argentino todavía tiene mucho que aprender en cuanto a lo que se puede y no se puede en materia de literatura infantil. Los autores argentinos estamos encorsetados por las buenas intenciones de la censura, que empieza siempre por ser autocensura. Por ejemplo, en nuestros libros no puede haber adultos odiosos, que maltraten a los chicos y que no se rediman de ningún modo: gente sencillamente mala, estúpida o incompetente, como los parientes de Harry Potter o algunos de sus profesores. Los grandes deben ser siempre bondadosos o al menos tener buenas intenciones: en el peor de los casos, nada que no se pueda arreglar con una psicoterapia. Es fundamental que los protagonistas tengan buenos sentimientos aun con respecto a sus enemigos. En la Argentina los libros infantiles tienen que ser aceptados por los docentes para venderse en la escuela porque las editoriales no conciben la lectura infantil fuera del ámbito escolar. (No, al menos, en lo que respecta a los autores locales: ese espacio se considera minúsculo y está reservado a los autores extranjeros.) Entonces es siempre preferible que los libros incluyan algún trasfondo didáctico.

"Y finalmente, consideremos el no desdeñable tema de la promoción: todos los suplementos literarios argentinos le han dedicado notas de tapa a Harry Potter. Ningún autor argentino, ni de niños ni de adultos, por bueno o exitoso que sea, tiene esa ventaja en el lanzamiento de un libro. Just think about."

Extraído de "La magia de lo prohibido", de Ana María Shua; recuadro del artículo "Joanne, Harry Potter y la máquina de inventar", de Loreley Gaffoglio (Buenos Aires, Revista La Nación, 14 de mayo de 2000). La nota completa se encuentra en la edición on line del diario La Nación www.lanacion.com.ar.


Eduardo Gudiño Kieffer:

"Leí el primer libro hace bastante, cuando salió. Me gustó toda esa cosa mágica, abordada con humor, naturalidad y frescura. Con un estilo ágil, fluido, sin grandes rebusques. Y al no tener la intencionalidad del logro literario, entonces, termina estando muy bien. Me gustó, además, que hubiera personajes buenos y malos. ¡Estoy tan harto de la psicología y los complejos de Freud! Desearía que este tipo de libros predominara sobre la literatura estilo Paulo Coelho y la del tipo de las armaduras oxidadas. En fin, me gustó mucho ese librito".

Extraído del artículo "Joanne, Harry Potter y la máquina de inventar", de Loreley Gaffoglio (Buenos Aires, Revista La Nación, 14 de mayo de 2000). La nota completa se encuentra en la edición on line del diario La Nación www.lanacion.com.ar


Santiago Kovadlof:

"En Harry Potter está el ejemplo claro de lo que es un escritor absolutamente visceral en la capacidad de poner en juego emociones fundamentales. Emociones, no sentimientos. Ella toma una cuestión primordial, que es el acoso constante que el sentido o sinsentido de la vida le hace al sujeto. Y eso me parece que es saludable porque en última instancia, eso somos: seres acosados por el sentido o sinsentido... Esa prosa tan representativa de ese estilo anglosajón, seco, contundente, donde se cuela el humor refinado, no deja de ser eficaz en la transmisión de emociones profundas."

Extraído del artículo "Joanne, Harry Potter y la máquina de inventar", de Loreley Gaffoglio (Buenos Aires, Revista La Nación, 14 de mayo de 2000). La nota completa se encuentra en la edición on line del diario La Nación www.lanacion.com.ar


Graciela Cabal:

"Harry Potter es un cuento de hadas con toda la fascinación que ese género siempre ha ejercido. Me hizo acordar a C. S. Lewis, con Las crónicas de Narnia y a El señor de los anillos, de Tolkien. También a Roald Dahl, con esa visión terrible de los adultos. Rowling incorpora todos los temas tabú.

"Pero lo que realmente me pareció excelente fue el relato. Cada capítulo es una estructura clara, que además cierra con cierto suspenso. Y es tanto el horror presente que termina fundiéndose en humor bien inglés. El libro está bien escrito. Y si suscita algún rechazo, lo vinculo con que lo que tiene éxito y genera dinero siempre resulta sospechoso. Especialmente cuando se relaciona con la literatura infantil."

Extraído del artículo "Joanne, Harry Potter y la máquina de inventar", de Loreley Gaffoglio (Buenos Aires, Revista La Nación, 14 de mayo de 2000). La nota completa se encuentra en la edición on line del diario La Nación www.lanacion.com.ar


Nuevamente Ana María Shua:

"El fenómeno Harry Potter es beneficioso para los autores argentinos de literatura infantil, porque pone la atención sobre el tema y le da más jerarquía para el común de la gente. También es bueno saber que existen chicos que leen aunque no los obliguen. Harry Potter viene a demostrar que aparte de los libros que les mandan en la escuela, los chicos leen por el mero placer y alegría de leer. A los escritores nos da un poco de rabia que Harry Potter aparezca en la lista de best sellers, cuando hay otros libros infantiles que también merecerían estar por su volumen de venta. Sin embargo, hay que reconocer que antes la literatura infantil no entraba en la lista, más allá de la enorme promoción que hay en torno de Harry Potter, que hace que se venda mucho más. Los libros de la serie me encantan para los chicos, aunque no aporten grandes novedades: son clásicos y sin experimentación, pero están bien hechos, son redondos, con una buena estructura narrativa y llenos de conocimiento sobre las relaciones entre los chicos y de éstos con los adultos."

Extraído del artículo "Harry Potter o la magia de vender libros como nadie", de Cristian Alarcón (Buenos Aires, Página/12, 7 de abril de 2001). La nota completa se encuentra en la edición on line de Página/12


Beatriz Ferro:

"Me produjo una gran curiosidad conocer los ingredientes del éxito de ventas, pero debo decir que me defraudó: literariamente me parece pobre, tiene una estructura muy sencilla de crear un suspenso a partir de una situación inquietante, que poco antes de ser resuelto da lugar a otro hecho que introduce un nuevo suspenso. Genera un vínculo efímero con el lector, no como otros libros que uno lee una sola vez y los recuerda toda la vida. Parece hecho por computadora, como si fuera un guión. Sinceramente no me dejó nada, y me llama la atención que algo tan acotado como la historia de un chico en una escuela inglesa resuene tanto en todo el mundo y produzca tanta identificación. El crítico literario Harold Bloom, en relación a Harry Potter y a su impresionante suceso, se preguntó si 35 millones de compradores pueden equivocarse, y su respuesta fue: "Sí." De todas maneras, me alegra el éxito por tratarse de un libro, es bueno que se instale nuevamente el placer de dar vuelta lentamente las hojas en oposición a lo espasmódico de otros medios, es el triunfo de la palabra sobre la imagen."

Extraído del artículo "Harry Potter o la magia de vender libros como nadie", de Cristian Alarcón (Buenos Aires, Página/12, 7 de abril de 2001). La nota completa se encuentra en la edición on line de Página/12


Ema Wolf:

"Me parece bárbaro que los chicos lean y se interesen, si yo fuera chica también me engancharía. Tiene ingredientes atractivos y ya probados de la narrativa clásica popular: es mágico, gótico, es muy atractivo el ámbito escolar en que se desarrollan las historias y tiene algo del clima de El Mago de Oz. Es lealmente eficaz y legítimamente atractivo. Si bien no aporta nada nuevo en el campo de la literatura y no sorprende, esto no le quita méritos, porque no es un libro ambicioso. Por otra parte, el fenómeno de Harry Potter rompe con el absurdo criterio de que los chicos leen poco y corto, lo que llevó a hacer monstruosas adaptaciones de clásicos, como Moby Dick en diez carillas. Esto demuestra que cuando un libro es atractivo, los chicos lo leen sin importarles la cantidad de páginas que tenga. También hay que tener en cuenta que este formidable fenómeno de ventas tiene mucho de marketing, producto de las editoriales de los países centrales: estos sucesos nunca se generan desde la periferia. Si la autora hubiera nacido aquí y lo hubiera publicado una editorial pequeña, seguramente no opinaríamos sobre Harry Potter."

Extraído del artículo "Harry Potter o la magia de vender libros como nadie", de Cristian Alarcón (Buenos Aires, Página/12, 7 de abril de 2001). La nota completa se encuentra en la edición on line de Página/12