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Escribir literatura erótica

 Ariel Rivadeneira

 

Toda literatura es erótica

 

 

 

“Toda literatura es erótica, como es erótico todo sueño”, dice Italo Calvino. El eros está contenido en cada acto creativo, en el acto de escribir. Pero hay una clase de relatos –novelas y cuentos– llamados específicamente eróticos que exigen al escritor escapar de la banalidad y del estereotipo para lograr un resultado rico que conmue va al lector.

La meta es tratar el erotismo como expresión de juego y como acto comunicativo, y el encuentro sexual como teatro, celebración, indicio de algo más, para que adquiera una connotación estética.

Escribir un relato erótico es incluir escenas eróticas, una tensión particular y una trama sensual dentro de un contexto mucho más amplio –el de la novela o el cuento– cuya trama exige esta clase de escenas, de momentos especiales dentro del conjunto.

 

En la frontera

Alguien dijo alguna vez que “el erotismo es ese sitio en el que el goce y lo prohibido habitan en una inquietante proximidad”. Pudores, tabúes, candados, oscuridad, leyes y palabras precisas son solidarios con el erotismo y lo potencian.

El amor ligado a la prohibición es una fórmula infalible, con Sade en primer lugar, para quien “el incesto extiende el amor de familia”. Safo, Edipo, Masoch, Rabelais, Casanova, entre otros, convirtieron la literatura en deseo, y ese deseo en el que un cuerpo desnudo llamaba a otro cuerpo desnudo, se adueñó de la descripción, se hizo cómplice con la acción y tramó infinitas historias desde La Biblia, la Lisístrata, de Aristófanes, El cantar de los cantares, Las mil y una noches, El kamasutra, El Decamerón, hasta nuestros días.

Y, a la vez, como dice Georges Bataille: “Tanto el sexo ejercido como literatura,como la escritura ejercida como erotismoson fuente de conocimiento.

Escribir literatura erótica permite excitar la sensualidad del lector. En cuanto al escritor, debe probar caminos inesperados, avanzar gozando mientras escribe, como si en lugar de mirar directamente lo que narra, intentara adivinarlo, sin atreverse a mirarlo en su totalidad.

 

Los hilos de su construcción

¿Cuál es la red que teje el texto erótico? ¿De qué depende su construcción? ¿Cuáles son las bases que lo sostienen?

La libido como energía impulsora. En principio, un texto erótico circula en el territorio de la libido. ¿Cuál es ese territorio? Todo lo que hacemos con pasión: el deseo sexual considerado como impulso de la actividad psíquica es la energía productora de la libido.

El amor. Un amor cargado de exaltación, locura, conflicto y misterio, o el amor como algo enigmático y pasional, un fenómeno enriquecedor que puede también ser destructor, un núcleo eterno situado en diferentes contextos, anima a la literatura erótica y hace que los protagonistas vivan con intensidad las aventuras que tal vez no hubieran vivido sin su aparición. Imposible llegar a una comprensión cabal, racional, de qué es el amor, que no es sólo sentimiento, emociones, sublimación del impulso sexual. De ello da cuenta la ficción, las novelas desarrolladas en torno a ese estado.

El sexo. El disparador –evidente o no– de la literatura erótica es el sexo, a menudo trabajado de modo sutil cuando se trata de literatura de calidad.

Una historia bien tramada. No necesariamente ni mucho menos el erotismo debe explicitarse en la totalidad de la novela ni del cuento: algunas escenas sucesivas y bien conectadas entre sí pueden ser suficientes para darle al texto condición de erótico. En cualquier caso, la progresión narrativa es esencial: un hilo conductor bien llevado que crezca entre el principio y el final le otorga vuelo a la historia y le provoca suspenso al lector.

 

Calidad ante todo

El mejor erotismo tiene que estar asociado a otras manifestaciones que lo enriquecen, como la profundización del tema, la precisión del lenguaje, la sugerencia del conjunto y otros mecanismos que producen la literatura de calidad sin diferenciaciones de tendencias o géneros.

Para Mario Vargas Llosa, autor de novelas como La tía Julia y el escribidor y Elogio de la madrastra, que trabajan el erotismo de un modo particular, “no hay gran literatura erótica, lo que hay es erotismo en grandes obras literarias”. Dice que “una literatura especializada en erotismo que no integre lo erótico dentro de un contexto vital es una literatura muy pobre. Y al revés, una literatura que es sólo erótica difícilmente llega a ser grande. Un texto que sólo es erótico resulta muy poco convincente porque pierde vitalidad. En cambio, para mí es muy difícil que haya una gran novela en la que no haya páginas de una alta intensidad sexual”.

Agrega: “Decir que La Celestina, por ejemplo, es una obra erótica sería empobrecerla, porque aunque es eso, también es muchas otras cosas: una obra de una gran riqueza verbal, de una gran inteligencia en su construcción, que incluye muchas manifestaciones de la vida -la moral, la cultura, la psicología-, aunque el erotismo tiene en ella un papel primordial.

O Lolita, de Nabokov, en la que el erotismo tiene un papel principal entre muchos otros ingredientes que juegan un papel similar dentro de una gran complejidad y es a la vez una obra muy intelectual”.

A menudo, el texto "erótico" llega por caminos imprevistos y lo ideal es que en lugar de proponérselo, surja como una necesidad interna del relato, a pedido de la historia narrada.

Como dice Borges: “Es válida la literatura erótica si se hace bien, como la hizo Whitman, por ejemplo. Se hace bien cuando está movida por una idea más vasta. Pero si se escribe pornografía, como la usual en nuestra época, entonces la cosa cambia. Quizás alguno pueda decir que a Whitman se le fue un poco la mano, pero a mí no me parece. Emerson le preguntó por qué no eliminaba lo erótico de sus poemas, Whitman entonces le respondió que si lo omitía debía excluír también el universo, y como no quería eliminar una cosa tan vasta...”.

 

El amor en las novelas

El amor en la literatura se vincula con la novela sentimental, la novela rosa, la novela de conflictos o pasiones amorosas. ¿Cómo juega el erotismo en estos casos?

¿Cómo es el tratamiento del amor en la literatura?

La novela sentimental, romántica, es una variante.

La iniciación plena de estas novelas corresponde al romanticismo, pero fueron los novelistas ingleses del siglo XVIII quienes imprimieron un carácter sentimental a la novela presentando asuntos excesivamente tiernos y lacrimosos: Samuel Richardson en Pamela y Clarisa gira en torno a las desgracias amorosas de dos señoritas. El mismo tema tiene la novela popular de Bernardino de Saint-Pierre, Pablo y Virginia, que cuenta el amor de dos niños educados en plena naturaleza, en una isla lejana.
En la novela romántica se exalta la naturaleza, el amor, la ingenuidad, la pasión y la melancolía. En la obra Werther de Goethe, surge un problema más agudo: su protagonista se suicida al comprobar la imposibilidad de su amor. Hay a menudo una pareja enamorada que generalmente muere al final. Existe el análisis psicológico del amor.

En cuanto a la novela rosa, su argumento central gira en torno a las peripecias amorosas de sus protagonistas.

En una novela rosa, la protagonista es casi siempre una mujer joven de costumbres en apariencia muy libres, que la mayoría de las veces entra en conflicto con un personaje masculino, con el cual, luego de luchas y desencuentros, se casa. O se trata de una muchacha pobre de la cual se enamora un rico y atractivo galán, capaz de ver en ella un diamante en bruto, y con el cual se casa.

Suelen ser de consumo masivo, el medio social que retratan suele ser falso -lujo, grandes mansiones, ocio frívolo-, sus personajes tiene matices comunes. Las de Corín Tellado son las más conocidas. Es interesante la parodia que de la novela rosa hizo Manuel Puig en Boquitas pintadas, por ejemplo.

La pasión amorosa ocupa muchísimas novelas en las que aparece como motor ocomo tema secundario vinculado a otros. Es un tema literario por excelencia.

Para Octavio Paz, “el amor es un acto revolucionario, al igual que la poesía. El amor, en efecto, es el descubrimiento de una persona única, libre, que puede hacerme feliz o infeliz, que puede o no traicionarme, pero que yo elijo. El amor se basa en la elección, la exclusividad, la libertad, la reci­procidad.  Es muy difícil de en­contrar, muy difícil de sostener en la vida de todos los días,esmuchas veces heroico y, al mis­rno tiempo, es el gran invento de nuestra civilización. Es elpresente. Y el presente nunca tiene fecha”.

Posiblemente, esta reflexión debería ser el disparador para escribir un texto erótico, un momento de la trama amorosa.

 

Entre lo erótico y lo pornográfico

Lo que puede ser pornográfico para unos, puede no serlo para otros. Para algunos no existe ninguna diferencia. Pero, en general, la pornografía es la descripción simple de los placeres carnales; en tanto el erotismo es la descripción más compleja, supeditado a una idea del amor y a lo que el escritor pretende transmitir.

En principio, conviene plantearse si se quiere escribir erótica o pornografía. ¿Cuál es la frontera entre erotismo y pornografía?

Mientras que el erotismo mantiene el misterio, la pornografía está cargada de obviedad.

El erotismo es delicado y sensual, sugiere más que muestra, emplea imágenes ricas y analiza sentimientos.

La pornografía o "descripción de lo obsceno" es más instintiva y ruda, muestra todo, utiliza un lenguaje directo y simple.

El sexo es una forma de comunicación, la pornografía no lo es.

Lo erótico dota al acto sexual de una visión, un decorado, una teatralidad y lo coloca en una dimensión artística.

La pornografía no tiene valor literario, no reúne las condiciones para ser un hecho estético. Recurre a la monotonía del porno, es lineal.

El texto erótico debe alcanzar un nivel estético que lo diferencie del discurso obsceno y grotesco de la pornografía tanto por el manejo del lenguaje como por el tratamiento del tema.

El puritanismo y la represión compatieron los textos considerados obscenos (¿pornográficos o eróticos?). Varios autores de literatura erótica fueron decapitados en el siglo XVII, como Ferrante Palla Vicino, autor de El príncipe hermafrodita, La red de Vulcano y La retórica de las putas, Michel Millot tras publicar La escuela de las mujeres, y Claude le Petit, autor de El burdel de las musas, que incluía La Europa ridícula (sátiras contra París, Venecia, Viena, Madrid y Londres), y 64  sonetos (Una vieja me ruega que la folle, es uno de ellos).

En el siglo XVIII, llegó el libertinaje con los poemas de Jacques Vergier y de Jean-Baptiste Villart de Grécourt, y muchos libros sobre la lujuria de los monjes, como Historia de don B..., portero de los cartujos, de Charles de Latouche.  Al mismo tiempo, surgen grandes textos eróticos y literarios a la vez que intentan liberar al individuo de las convenciones. Los autores de esa época escriben como un acto de rebeldía, un desafío al poder establecido. Entre ellos, Diderot. O Mirabeau, que desde la prisión escribe a Sofía de Monnier cartas de un contenido sexual muy fuerte como lucha por la reforma social. O el marqués de Sade.

En el siglo XIX se convierte en un juego refinado. En el siglo XX, el juego de lo erótico se vincula a autores como André Pieyre de Mandiargues, de marcada carga sensual, o genera la experimentación formal, como en el caso de Georges Bataille. Aunque empieza a banalizarse, se comercializa, pierde la carga de inconformismo, de desafío, el placer de ser leído a escondidas, y da paso a lo pornográfico.

 

El deseo

El deseo es la figura primordial de la historia de amor.

Dice Roland Barthes: “Podemos llamar figuras a esos fragmentos de discursos. La palabra no debe entenderse en el sentido retórico, sino más bien en el sentido gimnástico o coreográfico; en pocas palabras, en sentido griego: schéma, no el «esquema», sino de un modo más vívido, el gesto del cuerpo atrapado en acción, y no contemplado en reposo: el cuerpo de los atletas, de los oradores, de las estatuas: lo que es posible inmovilizar del cuerpo tenso”.

El erotismo funciona a partir del deseo. El deseo del erotismo se dirige a un objeto concreto y construye la imagen mental del objeto.

Dice Marguerite Yourcenar: “Sin saberlo todos entramos en los sueños amorosos de quienes se cruzan con nosotros o nos rodean”. La fusión no es solamente física, sino también del deseo, una manifestación imaginaria del cuerpo; lo tangible y lo intangible; los sentidos y cómo ir más allá a través de ellos.

 

¿Qué hace que un texto sea erótico?

Lo erótico es lo que de pronto se advierte, un ramalazo súbito, lo inquietante, el mecanismo que cambia las piezas y les otorga nuevos sentidos.

¿Cuáles son las bases que conducen al texto erótico?

Así como vivimos la sexualidad de múltiples maneras, hay múltiples maneras de escribir literatura erótica. Por lo tanto, se imponen una serie de condiciones imprescindibles:

· Evitar las fórmulas y los estereotipos.

Evitar los “ingredientes” conocidos y los actos provenientes del estereotipo, los que ya han sido usados tantas veces, los que no son producto de una necesidad estética que el conjunto determina.

Para ello, no exagerar las tintas ni tomar la limitada gama del porno comercial como referente ni los recursos conocidos, como “chica inocente que es pervertida”; la "primera vez", “el final feliz” y “la experiencia más dramática o la más gratificante de la vida”. No recurrir siempre a las mismas fuentes. El sexo está lleno de potencialidades. salir de las propias preferencias y explorar nuevos territorios. Introducir temas diferentes, ricos, sin prejuzgarlos.

Un rasgo o una situación que la trama necesita surge con naturalidad. Preguntarse si el personaje en cuestión reaccionaría de ese modo y haría lo que le hacemos hacer: se trata de escuchar que piden los personajes: de ajustarse a la forma de pensar de los mismos y a la situación.

· Sugerir en lugar de decir o mostrar directamente.

 La sexualidad es un lenguaje en el que es más importante lo que no se dice que lo que se dice.

Una vez que se imagina la escena y se la coloca en el momento preciso, se elige qué se muestra y qué se oculta y cómo se comportan los personajes: si muestran excitación, prisa, calma, si se detendrán morosamente en cada pliegue. “Elijo mostrar lo menos posible —dice Angélica Gorodischer—. No tengo nada contra la pornografía, pero si de erotismo se trata hay que tener cierto respeto por la imaginación de quien lee. Te muestro este pedacito o digo medias palabras de esas densas, cargadas, como envueltas en una nube que reíte de la niebla londinense. Cuanto más brumosas, más escondedoras de todos sus sentidos sean las palabras, más sobresaltador pero también controlado será el erotismo del texto”.

· Provocar la tensión.

El sugerir y no mostrar da lugar también a la tensión. Puede estar contenida en ciertos mecanismos como la dificultad de alcanzar lo deseado: “si un personaje viaja para encontrarse con su amante, cuanto más lejos esté de su amante, cuantos más obstáculos encuentre en el camino, más erótica será la historia”, comentaba un escritor. En este sentido, conviene recurrir a la demora narrativa, muchos botones a desprender, intrusos en el camino de los protagonistas, indecisión y temor, etcétera, entre otras posibilidades. .

· Ser preciso

El erotismo está en la sutil descripción fisiológica, pero sobre todo en la forma en que se emplea el lenguaje. Cada palabra cuenta. La precisión es el arma, como en la literatura en general.

Dice Raymond Carver: “Hacemos palabras y deben ser palabras escogidas, puntuadas en donde corresponda, para que puedan significar lo que en verdad pretenden. Si las palabras están en fuerte maridaje con las emociones del escritor, o si son imprecisas e inútiles para la expresión de cualquier razonamiento -si las palabras resultan oscuras, enrevesadas- los ojos del lector deberán volver sobre ellas y nada habremos ganado”.

· Describir con profusión y sensualidad.

Emplear los cinco sentidos para describir y poner en movimiento los de los personajes del relato. Un relato o un poema erótico lo turba todo de una contagiosa ola de deseo gracias a lo que se “muestra” a través de la vista, el tacto, el olfato, el gusto, entre otros mecanismos productivos.

· Mantener la credibilidad.

 

No dar una visión distorsionada del sexo. Las historias narradas deben ser plausibles. Los elementos fantásticos o extremados tienen que estar justificados. Conviene documentarse sobre el sexo contrario para no cometer errores. Situar las acciones, los personajes, las cosas, en un contexto conocido.

· Leer libros de buena literatura erótica como los citados a lo largo de estas páginas.

 

Sus logros

¿Qué consigue la buena literatura erótica?

· Resalta las potencialidades del deseo, las formas de la sexualidad, y el derecho al placer.

· Lleva a cabo la trasgresión moral, la irreverencia, la liberación de tabúes y prejuicios.

Es una válvula de escape de los impulsos reprimidos (o a veces, prohibidos) en la sociedad tanto para el escritor como para el lector; presenta los deseos sexuales más sensuales y los más promiscuos.

· Enfrenta el puritanismo religioso y social

La lujuria (el apetito desordenado y excesivo de los placeres sexuales) era uno de los pecados capitales. Los teólogos distinguían diez tipos de lujuria, tres de las cuales eran contra natura: la masturbación, la sodomía y la zoofilia, con diversos grados de nocividad. La fornicación con prostitutas, por ejemplo, les parecía menos reprensible que el estupro, que implica la desfloración de una mujer virgen que no pasa de cierta edad fijada legalmente. Asimismo, el deseo de seducir a la esposa del prójimo o el adulterio, considerado como pecado carnal, eran reprimidos con la Biblia en la mano.

De modo que no sólo es válido y lícito el acto de escribir obras eróticas en un contexto social en el cual todavía existen quienes pregonan el retorno al puritanismo y la censura de las relaciones sexuales incompatibles con cierta moral que considera que debe ser combatida, sino que los mismos “pecados” que combaten son una buena fuente de ideas para el escritor.

· Moviliza el imaginario del autor. Activa la capacidad de fantasear.

Constituye uno de los instrumentos mentales que permite poner en escena los instintos sexuales más recónditos y lúdicos. En este sentido, activa la imaginación. Dice Octavio Paz: “El erotismo adopta in­numerables formas, pero siempre es diferente, porque está ligado a la subjetividad y a la imaginación.  Las bestias hacen el amor siempre de la misma manera.  La naturaleza es el mo­delo del hombre, su arquetipo del amor, el gran espejo donde mira su sexualidad. Pero al ha­cerlo, su sexualidad es transfor­mada por la imaginación”.

El erotismo es un juego por su capacidad de fabular, de ensayar por medio de la ficción otros mundos y otros lugares. Así, el erotismo es fábula, quimera, evasión, fantasía: muchas veces se exalta el deseo por la ausencia del amado, como cuando Eloísa rememora los placeres habidos con Abelardo (de los que ya no gozará más porque ha sido emasculado), o cuando Mariana de Alcoforado, en su aplastante soledad, evoca hasta la extenuación su entrega a Bouton de Chamilly (que se muestra insensible a sus continuos ruegos).

· Apela a la sensualidad, la provoca, la excita. Es la metáfora del amor.

Con su poder de sugerencia, es una de las pasiones auténticas del ser humano.

· Pone en movimiento las facultades eróticas del cuerpo. Aunque depende de las características sicológicas y morales de los individuos y de las circunstancias en que tiene lugar la vivencia. Una meta de la novela erótica puede ser la excitación del lector.