La versión de su navegador no está debidamente actualizada. Le recomendamos actualizarla a la versión más reciente.

   

 

El voyeur

 

  

¿Nadie tiene una pluma nueva?

En Budapest se encuentra la llamada estatua del “escritor desconocido” o “escritor fantasma”, que representa al autor húngaro Anonymus, uno de los primeros cronistas de la historia de Hungría, hacia el siglo XII. La estatua es de bronce. Fue esculpida por Miklós Ligeti en 1903. Muestra al escritor con ropas monacales, con la cara casi tapada por la capucha de su túnica. Aparece en estado relajado, con una pluma en la mano. En la base hay una inscripción donde se puede leer: “Anonymus = Gloriosissimi Belæ Regis Notarius” (Anonymus = el notario más glorioso del rey Béla). Cuenta la leyenda que si uno toca la pluma que porta en su mano derecha tendrá suerte en sus estudios y en sus creaciones literarias. Así, debido al desgaste, la pluma luce un color más brillante.

 

Colorín colorado…

El escritor alemán Michael Ende no solo se preocupó de crear un mundo fantástico en La historia interminable. En la versión original alemana, Ende utilizó dos colores para escribir la novela: el verde para referirse al argumento en sí, y el color púrpura que aplicaba al personaje de Bastian cuando estaba en el “mundo real”. Además, cada capítulo comienza por una letra del abecedario siguiendo el orden lógico.

 

Hay ejemplos que matan

José Manuel Caballero Bonald dice en su libro de memorias La costumbre de vivir que en una ocasión vio Roland Barthes a André Gide parado en una esquina de París anotando algo en una libreta (tomaba notas para sus novelas), por lo que pensó en imitarlo, ya que creyó que esa era la actitud que debía seguir como escritor... Hasta que un día atravesó una calle sin dejar de escribir y perdió la vida atropellado por un coche.

 

Los beneficios terapéutico de la higuera

En su autobiografía, Memoria de la melancolía, que es un magnífico libro impregnado del lenguaje poético tan personal de esta autora, María Teresa León, la primera esposa de Rafael Alberti, dice a propósito del futuro regreso del exilio: “Un día se asombrarán de que lleguemos, de que regresemos con nuestras ideas altas como palmas para el domingo de los ramos alegres. Nosotros, los del paraíso perdido”. Alberti y María Teresa estaban en Ibiza el 18 de julio del 36. Al día siguiente les fue a detener una pareja de la Guardia Civil, pero se salvaron porque se encontraban en lo alto de una higuera, divisando los alrededores.

 

La hortojrafia

García Márquez ha hablado varias veces de los problemas que ha tenido con la ortografía durante toda su vida, ya que siempre se le ha dado mal. Sus correctores, cuando ven una falta, piensan que es una errata, no pueden creerse que un premio Nobel cometa faltas de ortografía. No debe extrañarnos por ello la siguiente anécdota que narra en sus memorias Vivir para contarlaAndrés Bello, un filólogo muy importante, se carteaba con un amigo que tenía unas faltas de ortografía desesperantes. Un día, después de pasar juntos la tarde, el amigo se despidió de él diciéndole: “Esta semana le escribiré sin falta”. Bello respondió: “¡No se tome ese trabajo! Escríbame como siempre”. 

 

Epitafios

Vicente Huidobro cumplió su deseo de ser enterrado en una colina frente al mar. Sus familiares hicieron grabar en la lápida las palabras “Aquí yace el poeta Vicente Huidobro / Abrid la tumba / Al fondo de esta tumba se ve el mar”. Se dice que la lápida de Jorge Luis Borges guarda múltiples misterios relacionados con leyendas sajonas y vikingas. En el anverso aparece grabado el nombre del escritor y la frase en inglés antiguo “…Y no tengan miedo”, que está extraída de un poema sajón que narra la Batalla de Maldon. La tumba del dramaturgo Molière está situada en el Cementerio de Père-Lachaise, junto a la de Jean de la Fontaine. Su epitafio: “Aquí yace Molière, el rey de los actores. En estos momentos hace de muerto y de verdad que lo hace bien”. En la de Miguel de Unamuno: “Méteme, Padre Eterno, en tu pecho/ misterioso hogar/ dormiré allí pues vengo deshecho/ del duro bregar”. 

 

Prohibido prohibir

En el siglo XX se censuró gran cantidad de obras literarias, como por ejemplo, Ulyses, de James Joyce, cuyo contenido sexual estuvo vetado en Estados Unidos durante quince años. Y también 1984, de George Orwell, novela que se otro lado, Los versos satánicos, de Salman Rushdie, se convirtió en una lectura prohibida en países como Sudán, Arabia Saudí, Egipto, Somalia, Qatar, Indonesia, Pakistán, Sudáfrica, India y Malasia porque supuestamente critica el Islam. El ayatolá Jomeini llegó a decir que tanto el autor como las personas implicadas en la publicación del libro deberían ser sentenciadas a muerte. El libro de poemas, Las flores del mal, de Charles Baudelaire, no cayó bien en la sociedad coetánea y fue acusada de ultraje a la moral pública, mientras que Las uvas de la ira, de John Steinbeck, se censuró en Estados Unidos por sus connotaciones comunistas y porque se consideraba que los terra-tenientes pretendían ocultar los malos tratos que sufrían sus trabajadores. La cabaña del Tío Tom se censuró por algo parecido, ya que en esta obra quedaba al descubierto la brutalidad e inmoralidad de la esclavitud.