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El voyeur

 

  

Poe siempre estaba sumergido en deudas. Incluso llegó desesperadamente a escribir una carta a su padrastro para pedirle dinero. La carta nunca obtuvo respuesta. Sin embargo, fue en esa época cuando un periódico de Baltimore le premió con 50 dólares por su relato “Manuscrito hallado en una botella”. Y no solo eso, el cuento encandiló a un señor adinerado que acabaría ayudando al escritor a publicar sus obras. Gracias a las influencias de tan generoso caballero, Poe terminó trabajando de redactor en el Southern Literary Messenger, un periódico de Richmond (Virginia). Apenas duró unas semanas en el puesto. Lo despidieron después de que se dejara ver varias veces en la redacción en estado de embriaguez. Más tarde fue readmitido, pero lo dejó para posteriormente montar una casa de huéspedes.

 

 

Parece ser que fue por la coincidencia en la fecha de defunción de dos grandes autores de la literatura mundial. Nos referimos, ya lo habréis imaginado, a Cervantes y Shakespeare. Supuestamente ambos murieron el 23 de abril de 1616. Sin embargo, en 1582, el Papa Gregorio XII adelantó diez días el calendario, medida adoptada por Francia, Italia y España de forma inmediata. Fue 170 años después, en 1752, cuando Inglaterra, que hasta entonces se regía por el calendario juliano, se sumó a esa norma. Por lo tanto, para los países católicos, la muerte de Shakespeare se produjo diez días después, es decir, el 3 de mayo. Pero eso no es todo. Aunque la mayoría de nosotros piensa que Cervantes murió el 23 de abril hay que subrayar que esa no fue la fecha de defunción sino de su entierro, ya que su muerte se produjo el día antes.

 

 

Jossie Bliss era el nombre de la mujer con quien Pablo Neruda tuvo una turbulenta relación. Ella era nativa de Rangún y se conocieron cuando Neruda desarrolló su carrera como cónsul de Birmania. Se dice que el idilio duró unos meses hasta que ella se volvió peligrosamente celosa. En sus Memorias, el poeta relata que durante la noche creía verla“apenas vestida de blanco, blandiendo su largo cuchillo indígena, afilado como una navaja de afeitar, paseándose por horas alrededor de mi cama sin decidirse a matarme”. Cuando la coexistencia entre ambos se hizo imposible ella decidió marcharse. Él la acompañó hasta el barco que se la llevaría para siempre. A pesar de lo turbulento de la relación, Neruda escribió poemas (Tango del Viudo) que hacían pensar que aún la añoraba.

 

 

La Biblioteca de Sarajevo fue construida en 1894 y casi un siglo después, en 1992, sufrió un incendio provocado por los bombardeos de los radicales serbios que destruyó unos seiscientos mil volúmenes de su colección. Dos años después, la Orquesta Sinfónica de Sarajevo y el Coro de la Catedral de la ciudad interpretaron el Requiem de Mozart entre las ruinas de este edificio. Hay que subrayar, además, que esta biblioteca es el personaje de la novela (que parte de un hecho real) de Steven Galloway titulada El Violonchelista de Sarajevo, en la que se narra cómo un violonchelista, después del bombardeo, va todas las tardes a tocar el Adagio de Albinoni sobre las ruinas de la biblioteca en homenaje a las veintidos personas muertas en ese ataque. Actualmente el edificio está en proceso de reconstrucción.

 

 

Pero no hay que ir tan atrás en el tiempo en lo que a este tema se refiere. En el siglo XX se censuró gran cantidad de obras literarias, como por ejemplo, Ulyses, de James Joyce, cuyo contenido sexual estuvo vetado en Estados Unidos durante quince años. Y también 1984, de George Orwell, novela que se consideró procomunista, antisemita y de contenido sexual explícito. Por otro lado, Los versos satánicos, de Salman Rushdie, se convirtió en una lectura prohibida en países como Sudán, Arabia Saudí, Egipto, Somalia, Qatar, Indonesia, Pakistán, Sudáfrica, India y Malasia porque supuestamente critica el Islam. El ayatolá Jomeini llegó a decir que tanto el autor como las personas implicadas en la publicación del libro deberían ser sentenciadas a muerte. El libro de poemas, Las flores del mal, de Charles Baudelaire, no cayó bien en la sociedad coetánea y fue acusada de ultraje a la moral pública, mientras que Las uvas de la ira, de John Steinbeck, se censuró en Estados Unidos por sus connotaciones comunistas y porque se consideraba que los terratenientes pretendían ocultar los malos tratos que sufrían sus trabajadores. La cabaña del Tío Tom se censuró por algo parecido, ya que en esta obra quedaba al descubierto la brutalidad e inmoralidad de la esclavitud.