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Disparador Creativo

  por Toni Planells

 

Con el culo al aire

  

 

 

Tú lo lees en septiembre -querido y fiel lector/a- pero a la hora de escribirlo es agosto, el lorenzo aprieta y hace un calor insoportable. Hombres, mujeres y niños andan azogados por piscinas y playas con el culo al aire y el Consejo de Redacción de Escribir y Publicar, en un alarde de poner las cosas fáciles al personal escribiente, decide sacar un número dedicado al erotismo. Y aquí paz y después gloria..., como si tan peliagudo y controvertido tema fuese absolutamente privativo de la canícula. No confundamos: el verano es la estación propicia para el voyeur, dudosamente para el erotómano, erotista, erofan o como se llame el que se pone en marcha ante unos códigos que afectan a alguno de los mecanismos sensoriales en su vertiente libidinosa-motivadora, promovidos por alguna de las bellas artes,  fotografía incluida. Internet, vídeo y tv excluidos y, por supuesto y este es el motivo del presente panfleto, por la literatura escrita y hablada como motor erótico de primerísima magnitud.

 

No a lo evidente

De todos es sabido que en verano la gente se aligera de ropa, de costumbres y de voluntades y se lanza con mayor insistencia e intención a determinados desenfrenos, verdaderos desmanes organolépticos, culturales, deportivos, familiares o sexuales, o todos a la vez con la taimada intención de olvidar lo aburrido de sus vidas, la maldad de sus superiores o el irresistible ascenso del ipecé. Y -a todo esto- la verdad es que existe la falsa y generalizada creencia de que el verano es una estación favorable a la inspiración de escribas, escribanos y escritores sobre lo erótico como tema para cualquier manifestación literaria. Lo siento, pero para empezar, hay que desconfiar del erotismo de verano. ¿Por qué? Pues porque el erotismo -ante todo- debe ser sincero. No vale el erotismo sintético, fácil. Ciertamente, el verano es una estación proclive a gran cantidad de ingredientes eróticos que hábilmente combinados pueden dar lugar a una ficción con el erotismo como principal excipiente. Pero no. Hay que negarse a admitir este planteamiento por socorrido y excesivamente voyeur: torso con camiseta mojada, rendija en caseta de baño, exhibicionismos diversos, visionados furtivos en bosques, playas solitarias o bajo cualquier superficie acuática. No, no y no.

 

El erotismo no es para el verano

El verano es proclive al erotismo oportunista. El erotismo hay que trabajarlo científica y seriamente. El erotismo y el marisco fresco tienen mucho en común: que no es recomendable consumirlos en los meses sin erre. En verano aunque sea por una sola vez, haz como las hormigas: mira, escruta, investiga, escudriña, vive, descubre, guarda, almacena, acopia erotismo para trabajarlo al papel en otoño, con la llama del recuerdo encendida, los primeros fríos y lluvias en la ventana. Sólo así serás eróticamente objetivo, con tiempo por medio.

 

Puestos a elegir, afrodismo mejor que erotismo

Sugerir, pues, disparadores del erotismo escrito es un trabajo de alto grado de dificultad sobretodo cuando antes ya lo han hecho con principio y fundamento Ovidio, Salomón, de Laclos y otros y más difícil lo tienes si estás de vacaciones sin un María Moliner -la definición es imprescindible- cerca. Veamos pues: erotismo deriva de Eros, diosecillo griego del amor (Cupido, en romano) con estatua y surtidor en Piccadilly Circus, London. Lo más importante de este personaje, aparte del nombre, es el hecho de ser hijo de la mismísima Afrodita (Venus romana). Por lo que el concepto en cuestión debería ser afrodismo mejor que erotismo. Más propio, más estimulante, más erótico y con connotaciones sensoriales más sugerentes. Antes de entrar en la práctica del erotismo escrito, ahí te dejo con este tema de reflexión y con la garantía que en este documento no intentaremos polemizar sobre la diferencia entre erotismo y pornografía.

 

  La alquimia de los sentidos

 A nivel literario, cuatro sentidos y sólo cuatro, son los vehículos, los canales por donde se efectúa la penetración de lo libidinoso en el cerebro, órgano erótico por excelencia y gran espacio alquímico. Por orden de importancia -literaria, por supuesto- los sentidos son: olfato, tacto, oído y gusto. Lo siento para desilusión de muchos pero la vista no es un sentido.  Si quieres producir literatura erótica y -en breve plazo- ganar el Sonrisa Vertical, parte de este principio: primero, huele. Inmediatamente después, toca. Sigue -luego- abriendo los oídos y detectando hasta el más leve sonido. Y luego gusta, sorbe, lame, mastica, come, o lo que sea. Cuando hayas seguido -paso a paso- este camino y experimentado las correspondientes sensaciones, entonces, sólo entonces, abre los ojos. La vista es la evidencia, el último resorte, el testimonio gráfico, la foto para la posteridad. Cuando pasado el tiempo, el recuerdo afluya, la imagen será una buena forma de recordar. ¿O el aroma? ¿El tacto? ¿El oído? ¿El sabor? Para que no te olvides.

 

No hay erotismo sin  cierta dificultad

Veamos dos situaciones con dos niveles de dificultad, rayando ambas lo imposible. Estos niveles son los que confieren a ambas situaciones un alto grado erótico. Ambas pueden principiar, intermediar o finalizar una  exitosa novela. Utilízalas como disparador en tus próximas consignas. 

 

Situación 1.- Estamos en una magnífica playa de aspecto tropical en la pequeña isla de Formentera. El sol es magnífico, el agua de un verde-hawaiano que impresiona, tanto como la/el imponente vecina/o de nuestra derecha que en top less nos pregunta con una cierta y estudiada inocencia si le podemos poner crema y así lo hacemos siguiendo minuciosamente el itinerario corporal que se nos indica.

 

Situación 2.- Chico-chica en sendos trenes con destinos y direcciones contrarios. Sus ventanillas coinciden al pararse el vagón en un andén. Se miran. Se sonríen. Después de unos momentos de alta carga erótica, él/ella hace un gesto de besarle, cerrando los ojos insinuantemente al tiempo que baja el cristal de la ventanilla, él/ella lo/la imita...

 

Hasta aquí la mise en scène. Añadamos ahora la dificultad que otorgará a ambas historias determinados valores eróticos.

 

Dificultad Situación 1.- ...pero no estamos solos/as. A nuestra izquierda duerme plácidamente nuestra celosa pareja. Como hace rato que duerme, puede despertarse en cualquier momento. ¿Qué pasa a partir de aquí?

 

Dificultad Situación 2.- ...dándose cuenta con desesperación que la ventanilla se ha atascado y para más inri uno de los dos trenes se pone en marcha. ¿Cómo acaba este simple pero intenso episodio?

 

El erotismo es un momento

El erotismo es un fragmento de tiempo, una situación incontenible, intemporal. Efectivamente aquí tienes unos cuantos disparadores de alto concernimiento erótico. Si escribes a partir de ellos una historia, por breve o simple que parezca tienes el éxito asegurado: Erotismo Social.-Unos pies que sin conocerse, se tientan por debajo de la mesa. Erotismo Precipitado.-Un teléfono equivocado escrito precipitadamente con lápiz de ojos en una caja de cerillas. Erotismo Táctil.-Un roce brevemente furtivo en un ascensor repleto. Erotismo Visual.-Una mirada de alta intensidad interceptada por él/la acompañante que es quien lleva el liderazgo de la situación. Erotismo Equívoco.-Hoy has nadado junto a mí y te he mirado intensamente. Te gusta que te miren, exhibicionista. Me fascina ver como dejas mecer tu cuerpo desnudo, por las suaves olas, soltándote el pelo a los caprichos del agua. ¿Qué miedo nos obliga a mantenernos alejados, pequeña medusa? Erotismo Utópico.-Luis sueña que un día mientras se baña -al amanecer- en una recóndita cala, se le aparecerá una bellísima sirena con la que tendrá  difíciles relaciones incestuosas. En definitiva, que el erotismo no es el hecho sino la posibilidad del mismo. Y que como decía uno que se llama Suárez, ¡mental, que todo es mental, hombre!