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Disparador Creativo

  por Toni Planells

 

El misterio de escribir misterios

  

 

 

   Misterio, intriga, apasionamiento, suspense, emoción, secreto, busilis, arcano -llámalo como quieras- pero tarde o temprano deberás enfrentarte al misterio como destino de tus veleidades literarias.

   El misterio más grande ya lo plantearon como si tal cosa los filósofos clásicos, es uno mismo. Dentro de todos y cada uno de nosotros reposan todos los misterios y las soluciones que necesitamos para vivir y, en consecuencia, para escribir.

   La vida misma es un misterio. Y la muerte, los otros mundos, el más allá, la inquietante vecina del cuarto primera que vive sola y que cada lunes -nieve, llueva o haga sol- compra en la ferretería doscientos veintisiete tornillos de 12 milímetros: el lunes pasado compró treinta y siete.

 

   El misterio es la hipótesis y el arte de mantener en vilo al personal, de corroer por dentro al lector, de dejar sin uñas al oyente, de acelerar el pulso al pusilánime, de desesperar al impaciente, de rendir al listillo. El misterio es la clave de casi todo lo que se escribe. No es nada aventurado afirmar que en la novela, ensayo, poesía, biografía, teatro...el misterio es la clave. Y como no es nada aventurado afirmarlo, lo afirmamos. El día que desaparezca el misterio, desaparecerán de un solo tajo la literatura y la vida misma.

 

El misterio es la pregunta

 

   El misterio, el gran misterio, ese misterio que por fin hemos decidido trabajar, nace -en la mayoría de los casos- de una pregunta que perforando hipotálamos, deslizándose por oxidadas neuronas y rasgando cortezas cerebrales se asoma tímido al mundo de las ideas escritas.

 

    Lo primero que debemos hacer -sigo insistiendo- es aprender a observar.

 

  Lo segundo, aprender a preguntar. ¿Por qué aquel señor lleva a la vez cinturón y tirantes? ¿Por qué en televisión, todas las “mujeres del tiempo” tienen tan poco pecho? ¿Por qué después de haberla asesinado lloró a su lado toda la noche, antes de descuartizarla...? ¿Por qué cada día pedía un café, lo pagaba, se metía el sobrecito de azúcar en el bolsillo y se iba -dios sabe dónde- dejando el café intacto sobre el mostrador? ¿Por qué el puñal estaba doblado por la punta? ¿Por qué en los clasificados del periódico vespertino local, cada lunes, durante seis meses apareció el siguiente recuadro: Gracias. Llegué pronto. recuperé OBC? ¿Por qué el mayordomo tenía seis dedos en la mano izquierda?

 

    Lo tercero, aprender a responder y construir una historia a partir de la pregunta, por difícil, absurda, surrealista o abstracta que parezca. Podéis, estimados lectores y lectoras, a partir de las siete preguntas citadas -u otras similares- desarrollar una auténtica antología de la intriga literaria.

 

     Empezar por el final y acabar por el principio

 

   La ventaja del escritor sobre el lector consiste en que el primero siempre va unas líneas por delante del segundo y que desde el principio, conoce el final.

 

   En el misterio clásico, el final es el principio y el principio es el final. Es pues cuestión de montar una frase que encierre una intriga de cierto calibre y a  partir de ella lanzarse a la piscina.

 

   Veamos: Caso 12/96-A.- Misión espacial Challenger XII. Después del amerizaje, al abrir la cápsula el astronauta comandante Till Pearshing, único tripulante del módulo, apareció -todavía caliente- con un estilete clavado entre la tercera y cuarta vértebra.

 

    Caso 19/96-C.- Un atardecer de otoño, paseando tan campante por el solitario cementerio, Sandro oyó claramente en el interior del panteón de los Sáenz de Goicochea un contundente eructo.

 

   Caso 06/97. D.- Louis Grant  y Lina Rifaeli están bebiendo chianti y admirando el crepúsculo, cuando en la radio dan la noticia que un mísil de destrucción total estallará dentro de doce minutos llevándose todo el planeta por delante...

 

    Una vez planteados los casos, sólo queda dar sentido a las respuestas que se nos ocurran la mayoría de veces contrapuestas a las respuestas lógicas de nuestros lectores. ¿Quién? ¿Dónde? ¿Cómo? ¿Cuánto? ¿Cuándo? ¿Por qué? ¿Quién mató a Till Perashing? ¿Cómo lo hizo? ¿Quién eructó en el panteón? ¿Qué hizo Sandro inmediatamente después? ¿Cómo invirtieron Louis y Lina los doce minutos de vida que les quedaba?

 

   El misterio está servido. ¿Pero, por qué me mira tan fijamente la chica de la minifalda azul?