Jerome David Salinger

                                   un rebelde y un clásico

 

      J. D. Salinger fue uno de los escritores norteamericanos más importantes del siglo XX. Su novela breve El guardián entre el centeno (The Catcher in the Rye) es un clásico que deslumbró generación tras generación desde que fue editada en 1951, y que por varias décadas fue de lectura obligatoria en las escuelas de su país. Es su primer libro y es también, el origen de una popularidad que Salinger consideró un malentendido.                                                                                             

                                                                                                                                                          Por Mónica Urquijo

 

Fue el primer escritor que habló de los jóvenes como blanco de la nueva sociedad de consumo que se desarrollaba en los Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial, donde participó como infante en Normandía, experiencia que generó uno de sus relatos más celebrados, "Un día perfecto para el pez banana".

La noticia de su muerte se conoció hace unos días a través de un comunicado de Matt, el hijo del autor, difundido por su representante literario, Phyllis Wesberg.

La única entrevista que concedió, por vía telefónica, fue en 1974 a The New York Times para explicar, justamente, que no quería que se entrometieran en su vida. Solía decir que el segundo dote de un escritor era mantener su privacidad.

Demandó a quienes editaban sus libros sin autorización ("Prefiero pasar dos horas en el sillón de un dentista que un minuto en el despacho de un editor", dijo); hacía destruir las copias ilegales de sus obras; la única foto que se le tomó en la madurez lo muestra en el intento de agredir al fotógrafo; hizo que quitaran su retrato de sus libros; impidió que llevaran ilustraciones en tapa, y se negó a leer las críticas a sus trabajos.

El último caso judicial en el que participó fue hace menos de un año, para impedir la publicación en los Estados Unidos de una "continuación" de El guardián..., escrita por el sueco Fredrick Colting con el nombre de 60 years later: Coming Through the Rye (60 años después: recuperándose del centeno ). Años antes había demandado a Ian Hamilton, autor de En busca de J.D. Salinger, a quien le impidió reproducir las cartas que le había enviado y sólo pudo citarlas.

 

Datos para una ficha

J. D. Salinger nació el día de Año Nuevo de 1919 en Manhattan, hijo de una madre irlandesa y un padre judío de origen polaco. Comenzó a escribir desde adolescente. En 1940, su primer cuento, "Los jóvenes", sobre un grupo de adolescentes sin rumbo, fue publicado en la revista Story. En 1955 se casó con una joven estudiante, Claire Douglas, con quien tuvo dos hijos, Margaret y Matt. Se divorciaron en 1967, y en 1972 Salinger inició una relación con Joyce Maynard, con quien había intercambiado correspondencia. En los 80 se casó con Collen O´Neill, con quien vivía en Cornish.

George Steiner escribió alguna vez que entre escritores, críticos y fanáticos se había generado una "industria Salinger", facilitada por el ostracismo al que se sometió el autor y que llevó a todos a buscar datos de la intimidad, cartas enviadas a amigos, escritores y familiares, para saber cómo pensaba y, sobre todo, descubrir si seguía o no escribiendo. Se dice que hace tiempo hay al menos dos novelas inéditas, cuentos y cartas guardados celosamente en una caja fuerte. Pero, como todo en Salinger, no hay certeza de si es verdad o parte del mito.

Hace diez años, su hija Margaret publicó El guardián de los sueños, una biografía de su padre considerada también un "ajuste de cuentas" personal. En él afirma que su padre se preocupaba sólo por defender su privacidad y su obra.

Salinger era muy famoso cuando a mediados de los años 60 decidió dejar Nueva York para instalarse en la tranquila Cornish. Dejó de publicar y se entregó a una vida encerrado con los suyos, interesado en el budismo zen y en la comida sana.

Escribió, además, Nueve cuentos (1953), Franny y Zooey (1961), Levantad, carpinteros, la viga del tejado Seymour: una introducción (ambas de 1963). El último libro que se publicó fue Hapsworth 16, 1924, relato que había aparecido en un número especial del New Yorker en 1965, revista en la cual publicó sus primeros relatos.

 

"Entretenerme disparándole a los gorriones, los focos de luz, a algunos empleados. Volví a Norteamérica e intenté hacer un semestre en la universidad, pero abandoné como siempre. Estudié y escribí relatos con el grupo de Whit Nurnett en Columbia. Él publicó mi primera pieza en su revista, Story. He estado escribiendo desde entonces en algunas revistas grandes, aunque sobre todo lo he hecho en las más pequeñas. Sigo escribiendo cada vez que tengo el tiempo y una trinchera que esté desocupada.”

En "Teddy", se entrega una clave: un niño sabio recuerda sus diversas transmigraciones y lamenta haber encarnado en un norteamericano. Le explica a su interlocutor, un racional profesor: "Es muy difícil meditar y llevar una vida espiritual en Estados Unidos. Si lo intentas, la gente te toma por un bicho raro".

La obsesión por la expresión personal fue a partir de entonces el rasgo principal del escritor, que en sus libros siguientes (Franny and Zooey [1961] y Levantad, carpinteros, la viga del tejado Seymour: una introducción [1963]) presenta a la familia Glass, compuesta de niños geniales y neuróticos, afectos a la sabiduría budista y las reflexiones enrevesadas.

Salinger justificó en una de sus contadas declaraciones que seguía escribiendo, pero que no le interesaba que los demás lo leyeran. Es posible que supiera lo que hacía: de esa manera, la parte oculta del témpano no contamina la incandescencia de sus mejores páginas, escritas hace medio siglo.

1945

“Tengo veintiséis años y es mi cuarto año en el Ejército. He estado en altamar por diecisiete meses. Desembarqué en Utah Beach el día-D con la Cuarta División y estuve con el 12ª de Infantería hasta el fin de la guerra. El trasfondo de “Este sándwich no tiene mayonesa” nace naturalmente ya que yo solía estar en el Cuerpo Aéreo. Incluso me gradué en la Academia Militar de Valley Forge. Después de la guerra planeé unirme a un buen coro. Así es la vida.

He escrito relatos desde los quince años. Siempre me ha perturbado no poder escribir simple y naturalmente. Mi mente padece el nudo de una negra corbata y pese a que me aparto de él en cuanto es posible, siempre algo queda. Soy un hombre precipitado, no puedo con los trayectos largos; posiblemente a causa de ello jamás pueda escribir una novela. Las novelas sobre esta guerra han tenido demasiado del vigor, la madurez y la artesanía que la crítica busca, pero muy poco de la gloriosa imperfección que hace tambalear y caer a las mejores mentes. Los hombres que han estado en esta guerra se merecen una suerte de melodía temblorosa, dispuesta sin vergüenza o arrepentimiento. Espero ese libro.”


(“Backstage with Esquire”, en Esquire, 24 de Octubre de 1945, pág. 34)

1949

“En primer lugar, si yo dirigiera una revista, nunca publicaría una columna llena de notas biográficas. Muy pocas veces me he preocupado de saber el lugar de nacimiento de un autor, el nombre de sus hijos, su plan de trabajo, la fecha de arresto por haber contrabandeado armas durante la rebelión irlandesa (¡el muy granuja!). El autor que te cuenta estas cosas es proclive a tener colgado su propio retrato con una colorida camisa desabotonada y seguramente busca un trágico perfil de tres cuartos. Inclusive puedes contar con que se refiera a su esposa como una persona maravillosa o una mujer formidable. He escrito varias notas biográficas en distintas revistas y dudo de haber sido honesto alguna vez. Esta vez sin embargo pienso ir un poco más lejos de mi período Emily Brönte para trabajar y encerrarme en un Heathcliff. (Todos los autores, no importa a cuántos leones le hayan disparado o cuántas rebeliones hayan soportado en persona, se van a la tumba siendo mitad Oliver Twist, mitad Mary, Mary, Quite Contrary) Esta vez voy a ser escueto y luego me iré a casa. Llevo diez años escribiendo bastante seriamente. Para ser modesto hasta al extremo, diré que no nací escritor, pero ciertamente soy un profesional. No creo haber escogido la literatura como una carrera. Simplemente empecé a escribir a los dieciocho años y nunca me detuve. (Quizás esto no sea del todo verdad. Quizás sí escogí la escritura como mi profesión. No lo recuerdo en realidad. Vuelvo a ello muy fácil y rápidamente.) Estuve en la Cuarta División en el Ejército. Casi siempre escribo sobre gente joven.”
(“J. D. Salinger Biographical” Harper’s, 218, Febrero de 1949, pág. 8.)

1961

“Franny apareció en The New Yorker, en 1955, y fue rápidamente seguido por Zooey, en 1957. Ambos relatos son tempranas y graves entradas de una serie de narraciones acerca de una familia de habitantes del New York del siglo veinte, los Glass. Es un proyecto a largo término, evidentemente muy ambicioso, y existe el peligro suficiente como para que, tarde o temprano, en algún momento me enrede demasiado y quizás desaparezca por completo en mis propios métodos, locuciones y manierismos. No obstante, tengo esperanzas acerca de ello. Me encanta trabajar en las historias sobre los Glass, estuve toda mi vida esperando hacerlo y tengo la decencia y la monomanía justa como para acabarlo con la debida preocupación y la destreza necesaria.
Algunas de estas historias, además de Franny y Zooey, ya fueron publicadas en The New Yorker, y hay material nuevo que está pronto a aparecer. Tengo también muchísimo material en papel, sin fecha de aparición, pero espero no “montar un número con él”, para usar una expresión popular, al menos por un tiempo. (“Pulir” es otro término dandy que me viene a la cabeza) Yo mismo trabajo a una lubricada velocidad en esto, pero mi alter-ego y colaborador, Buddy, se ha puesto insufrible últimamente.

Considero bastante subversivo el hecho de que el sentimiento de anonimato-oscuridad es la segunda propiedad de más valor que un escritor pueda tener en sus años de trabajo.

Mi esposa me ha pedido que agregase, en un singular arrebato de candor, que vivo en Westport con mi perro.”

(Notas en la cubierta de Franny and Zooey, Septiembre de 1961.)

1975

“Tiempo atrás, en 1939, cuando tenía veinte años, estudié durante un tiempo en uno de los talleres de relatos de Whit Burnett, en Columbia. Déjenme decirles que aquel fue un año muy instructivo y provechoso para mí en casi todo. Con simpleza y conocimiento, Mr Burnett dirigía el taller sin jamás permanecer neutral con respecto a uno. Cualquiera sean las razones que tuviese para estar allí, él básicamente no tenía intenciones de usar la ficción como sostén de sí mismo en la jerarquía de las revistas cuatrimestrales o en la academia. Generalmente llegaba tarde a clase, disculpándose, y se las arreglaba para escaparse temprano. A menudo tengo dudas acerca de lo que humanamente debe ser un buen y consciente guía de talleres de ficción. Mr. Burnett lo era. Tengo algunas nociones de cómo y por qué lo era, pero esencialmente parece que sólo es necesario mencionar la pasión que tenía por el relato corto, el fuerte relato corto, el que muy fácil y apropiadamente se adomina de una habitación. Para nosotros estaba claro que le encantaba echar mano a cualquier relato excelente, ya sea de Bunin, Saroyan, Maupassant, Dean Fales, Tess Slessinger, Hemingway, como también de Dorothy Parker y Clarence Day, sin domestizajes, sin prejucios ostentosos. Allí estaba él, inequívocamente, y por apestoso que seguramente pueda sonar, al servicio del Relato Corto. Pero no quisiera pedirle a Mr. Burnett que cargue ya con mis roncas plegarias. Al menos, no de la misma manera. Esto es algo que se ha quedado atascado en mi cabeza por veinticinco años.


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